Belleza silenciosa

De figura espigada y cabellera rubia, peinada, maquillada  y bien vestida, sentada en una butaca sonríe en la esquina. En el semáforo, donde se cruzan dos calles muy transitadas, ella llama la atención de todas las miradas.

 

Al lado del puesto de periódicos, está instalada ella. Componen parte de su escenario una butaca, mochila, equipo de tereré y su cartera. Sonriente empieza temprano su rutina. Cuando rojo está el semáforo a los autos se acerca caminando con cierta gracia, siempre sonriendo. A los conductores saluda con una seña y les acerca sus estampas.

 

Algunos colaboran con ella, con algunas monedas, otros la ignoran detrás de sus ventanillas polarizadas. Los hombres admiran su belleza, las mujeres murmuran acerca de su venta de estampas.

 

Nadie la ve llegar, pero siempre está muy temprano. Nadie la ve marcharse, pero siempre se va tarde. Ella está ausente los días de lluvia. Y en días de sol, se la ve untarse protector solar mientras se hidrata con agua fresca. En invierno tiene los labios lastimados por el frío y en verano su piel recibe un brusco bronceado.

 

El semáforo está en rojo, el sol dibuja su silueta en el asfalto. Ella  se mueve con gracia entre los autos, sonríe, a todos saluda con señas.

 

Cuando el semáforo está en verde, se la puede ver sentada en su butaca. Con las piernas cruzadas y la espalda recta toma Coca Cola. Mirándose en un pequeño espejo que lleva en su cartera se retoca el labial. Tiene aires de bailarina.

 

Se ha dicho mucho sobre ella. Las mujeres y algunos hombres conversan durante la pausa que impone el semáforo. Hablan acerca de la actitud tan segura que “la chica de la esquina” siempre demuestra, de su contoneo al caminar. Las mujeres murmuran sobre su vestimenta: ciclista, camisilla, kepis y calzados deportivos, ella los luce de manera sin igual.

 

La chica de la esquina es muy bella. Nadie nunca ha oído su voz. Se comunica utilizando un singular lenguaje de señas. El canillita aprendió a hablar con ella y en ocasiones bromean. Algunos se quedan mirándola hipnotizados, como queriendo entender lo que está diciendo.

 

La chica de la esquina mueve sus manos y dedos, ella habla con las manos. Nadie la escucha, pero no es necesario. Su presencia habla, y a todos los tiene atentos.

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Acerca de La servilleta de papel

periodista
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