La chica dentro de la chica

Matilda ha llegado a casa. Acaricia a su perro, lo llena de mimos y lo besa. Saluda a la familia. Se sienta en las piernas de papá quien le acaricia los cabellos y le habla aún como a una niña pequeña. Mamá le ha preparado la merienda y la invita a sentarse a la mesa. En su taza rosa, el chocolate humea tentador. Matilda lo disfruta, agradece a mamá y va hasta su cuarto.

La habitación está decorada con cortinas rosas y alfombras con diseños de flores. En la cama, osos de peluche. En las paredes, láminas de sus equipos de fútbol favoritos, nacionales e internacionales. En su tocador, entre cremas y perfumes, se camuflan artículos de botiquín. En la repisa, descansan varios trofeos, medallas y fotos de campeonatos ganados.

La chica baja el bolsón detrás de la puerta, entre los zapatos, stilettos, chatitas y calzados deportivos. Se sienta en la cama y se quita el calzado. Los nudillos de los dedos de los pies, ya no son los de antes. Matilda siente dolor, otra uña ha vuelto a romperse. Alcohol y benditas disminuyen el dolor. Los botines han dado otra forma a sus pies. Y esos pies, dieron forma a sus sueños.

La chica se quita la camiseta, los pantaloncitos y el ciclista. Acomoda bajo su cama los botines y canilleras. Toma la toalla, enciende el radio y cantando entra al baño a ducharse.

El jabón le causa molestias en las heridas de las piernas y Matilda encuentra más moretones. Ser delantera conlleva que la “marquen” más, y el equipo contrario lo hace a cualquier precio. A Matilda, no le importa, los goles que hizo ese día, lo valen.

El agua tibia relajan sus músculos y la lleva al partido que ganaba hace unas horas. Recuerda al público alentándola, a sus compañeras de equipo pidiendo la pelota, a las del equipo contrario, lanzando palabrotas y patadas, al técnico de éstas, insultándolas y exigiéndoles ganar como sea. Recuerda a su técnico diciendo que hagan lo que saben y que por sobre todo, se diviertan. Recuerda las indicaciones del árbitro y a los periodistas trasmitiendo y opinando sobre el juego. Son los 90 minutos más emocionantes de Matilda, en un espacio verde en el que se siente mejor que en cualquier otro lugar.

Mientras juega, recuerda a sus ídolos, ellos la inspiran, los admira, se siente orgullosa de ser mujer y de hacer lo mismo que aquellos hombres hacen con tanta pasión. Matilda lo hace, y lo hace muy bien.

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Acerca de La servilleta de papel

periodista
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